jueves, 4 de febrero de 2010

Cambio y corto

Ingentes cantidades de gente han consagrado su vida a la búsqueda de una felicidad de carácter divino; la mayoría tienen fe en ella, pero todos albergan dudas acerca de su existencia.
Yo, reticente a creer en cualquier quimera tras sufrir varias experiencias desesperanzadoras, decidí que quizá una felicidad relativamente absoluta quedaba fuera de mi alcance. Me tomé la libertad de reflexionar por mi cuenta y resolví que un buen objetivo era la realización.
A la edad de diecisiete años determiné que la mejor forma de lograr la mía propia era escribiendo. Hoy, cuando sigo contando con los mismos diecisiete inviernos, hago lo que me propuse para terminar encontrando una dicha por la que nunca hubiera apostado.

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