miércoles, 3 de febrero de 2010

Influjo

Estaba él, estaba ella, estaba la luna y el gato, junto con su tejado, y también se encontraban presente la luz, las sombras del mediodía, cortas y concentradas, las camas a medio hacer, los tristes domingos y los amigos que se han marchado de viaje. Había pantalones y camisas, algunos libros y cuadernos y plumas sin cartuchos de tinta. Escondidos, podíamos encontrar a veces el amor, a veces la realización, a veces incluso el dinero, siempre presente en todo.
Estaba la música, los valses mezclados con las cortinas, las ventanas mal cerradas que nos permiten oír la lluvia a la vez que nos resguardan, o por lo menos lo intentan, de ella. Estaba la noche y el sueño, o el sueño se presentaba sólo, sin la noche, dispuesto a pasarse la existencia en vela, esperándola. Había romanticismo y también surrealismo, había cuadros totalmente en blanco y pinceles sin usar. Presentes estaban las novelas, haciéndose escribir entre ellas mientras que, las más aprovechadas, se bronceaban a la luz de las lámparas de bajo consumo.
Y entonces el gato maulló a la luna y se derrumbó el tejado; ella se abalanzó sobre él y le dijo que le quería entre romántica y surrealistamente. El dinero intentó sobornar a las sombras para que cubrieran la luz del mediodía, pero ésta, uniéndose a las lámparas, logró iluminar la senda de los cartuchos de tinta, que encontraron a sus plumas. Los pantalones invitaron a las camisas a un viaje perdido, pero las camisas expresaron su deseo de mantener su amistad. Los libros, cansados, no pudieron encontrar la realización, usada apenas unas horas antes por unos cuadros enamorados de sus artistas en blanco. La ventana, orgullosa de sus servicios prestados, acudió a la cita pendiente con el sueño y por fin la noche pudo dormir en una cama mal hecha. La lluvia, ahora insonora, dio unas cuantas pinceladas de color a los domingos, y estos, agradecidos, compusieron un vals dedicado a los insomnes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario