Se quedan a dormir en mi casa, menudo morro, sobre todo la tal Katie, que iba a irse a su casa, pero, tras comprobar lo bien que besa Sid, no quiso separarse de él.
Nos despertamos al día siguiente, todos doloridos y esparcidos por la habitación como si nos tratásemos de bolsas de basura. Después de gorronearme el desayuno, todos se van a sus casas para prepararse para ir al instituto.
Cuando llego espero en la entrada, he quedado aquí con Kelly y Sid para ir a hablar con el tal Kevin.
Cuando llegamos a su taquilla me encuentro con que no es más que un chaval de tercer curso, con pinta de empollón y la cará llena de acné.
-¿Kevin? -le pregunto.
-El mismo, preciosa. -me dice, y me guiña un ojo. Me da un poco de penita.
-¿Tienes el trabajo?
-Claro, encanto. Serán diez pavos, salvo que quieras agradecérmelo de otro... modo -me mira de arriba a abajo, con cara de pervertido.
Sid, que no soporta a los babosos, y menos de cursos inferiores, le acerca los diez dólares. El tal Kevin parece un tanto decepcionado, debe creerse todo un ligón. Nos vamos.
Bien, pues resulta que este tío no era el diablo, es un poco decepcionante, a decir verdad. Cojo mi trabajo y me pongo a leerlo. A decir verdad, está bastante bien, no es muy original, pero valdrá.
Me despido de Sid y Kelly y me dirijo hacia la clase de castellano, que es la primera del día. Cuando la profesora entra en clase le entrego el trabajo, ella me mira con mala cara, nunca le he caído bien. El resto de la mañana transcurre sin contratiempos ni nada digno de mención.
Al salir de clase quedamos en el Bar, o en el bar Bar, como prefiráis. Cuando llego veo que Sid y Katie están dándose el lote en una mesa apartada del resto, mientras Kelly y Sam están en nuestra mesa de siempre tomándose unas cervezas. Con ellos está sentado un chico al que no reconozco porque está de espaldas.
Cuando me acerco a su mesa se da la vuelta y veo que es... ¡oh, no!
To be continued, again.
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