viernes, 5 de febrero de 2010

Una historia sin más. Capítulo uno.

Esta historia no está basada en hechos reales, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


Llevo como media hora frente a este documento de Word en blanco, y todavía no se me ha ocurrido qué escribir. La imaginación debería darse prisa, mañana tengo que entregar este trabajo para la clase de castellano, todavía no sé sobre qué hacerlo y... oh, genial, ruídos en el piso de abajo. Se suponía que estaría sola en casa, pero no, se ve que a los ladrones les ha dado por hacerme una visita hoy. Al menos si me ocurre algo tendré una excusa para no entregar este trabajo mañana.
Decido armarme de valor y un bate de béisbol, me encamino hacia las escaleras y digo bien alto:
-¿Hola? Señores ladrones, si están ustedes pensando en robarme, sepan que estoy ocupada, así que procuren no hacer mucho jaleo. Buenas noches.
Dicho esto, me doy la vuelta y voy hacia las escaleras, cuando oigo la voz de mi amigo Sam.
-¿Kim? Soy yo, Sam. Quedamos en que vendría a tu casa esta noche para ayudarte con el trabajo, ¿lo habías olvidado?
-Ah, no, no, sólo era... una broma.
-¡Ah! Tú siempre tan bromista.
-Sí...
Genial, no recordaba que venía. La verdad es que no sé por qué le pedí ayuda, ni siquiera sabe que "p" con "a" forma "pa". No me malinterpretéis, Sam es un buen tipo, pero un poco pedante, y, desde luego, lo de escribir no es lo suyo.
-He llamado también a Kelly. No te importa, ¿verdad?- me dice Sam.
-No, claro que no- le contesto.
En realidad sí me importa, Kelly es buena chica, pero también es algo corta, entre los dos lo único que conseguirán es distraerme.
De repente, se me ocurre una cosa, ¿cómo ha entrado Sam?
-¿Cómo has entrado?
-Por la puerta.
-Ya, y... ¿cómo?
-Abriéndola.
¡Me lo cargo, me lo cargo, me lo cargo!
-¿De dónde has sacado la llave?- consigo preguntar, intentando no hacer notar el profundo odio que me está produciendo.
-La puerta estaba abierta.
-Oh, genial, mis queridos padres han vuelto a dejarla abierta, se nota que velan por mí.
-Ya.- dice, sin hacerme mucho caso.- ¿Te importa si fumo? Es que así me fluyen mejor las ideas.
-Tú mismo.
Con infinita elegancia, saca un paquete de tabaco de su cazadora de cuero, que todavía no se ha sacado, y enciende un cigarro con su mechero la mar de refinado. No puedo negarlo, si hay algo que Sam sepa hacer, es fumar con estilo.
Me está diciendo que escriba su biografía para el trabajo cuando oigo el timbre, al menos Kelly sabe llamar.
Bajo las escaleras y abro.
-¡Hola!- me dice Kelly, que es una chica muy entusiasta. Se acerca y me da dos besos en las mejillas, siempre lo hace, creo que es un rollo europeo que le va ahora- He llamado también a Sidney, te parece bien, ¿no?
-¿Por qué le llamas Sidney? Eres la única que lo hace.
-Porque es su nombre, y es mucho más bonito que Sid.
Decido no discutir, con Kelly no se puede. Subimos a mi habitación, Sam ha puesto música, Anti-Flag, perfecto para concentrarse, me resigno.
Está Kelly comentándome que debería escribir el trabajo sobre el daño que hacen a las uñas los esmaltes de mala calidad cuando vuelve a sonar el timbre. No me apetece volver a bajar, así que me asomo a la ventana y le grito a Sid que suba.
Oímos abrirse la puerta en el piso de abajo, y segundos después vemos cómo Sid entra en la habitación, todos pensamos lo mismo: no podría tener un nombre más apropiado. Sid es mi mejor amigo, un punky anarquista realmente simpático, a pesar de lo que las viejecitas que se cruza por la calle puedan pensar.
Le saludamos, se tira en la cama junto a Kelly y me dice que debería escribir el trabajo sobre la anarquía. A este paso acabaré escribiéndolo sobre la macroeconomía en Rusia, estoy segura.
-Ah, por cierto,- dice Sid- estaba en el Bar- el Bar es un bar al que siempre vamos, sus dueños se mataron para ponerle el nombre, desde luego- y una tía rubia muy mona vino a hablar conmigo.
-Siempre conoces a alguna tía, ¿es que tienes que fardar todo el tiempo?- dice Sam, el cual somete a todas las chicas a un difícil examen para decidir si realmente desea hablar con ellas o no, lo cual no suele gustarles mucho a ellas, ya dije que era un poco pedante.
-No, no,- contesta Sid, ofendido- es que en ese momento me llamó Kelly, y la chica se puso muy pesada, así que le dije que se viniese. Dijo que tenía que pasar por su casa primero, así que le di la dirección, no os importa, ¿verdad?
Todos negamos con la cabeza, aunque por distintos motivos. Yo lo hice porque lo hecho, hecho está, Kelly seguramente lo hizo porque desaprobaba que Sid saliese con una tía distinta cada semana, y a Sam realmente no le importaba que viniese porque sabía a ciencia cierta que estaría buena.
Después de un rato, volvemos a escuchar el timbre. Mientras Sid baja a abrir la puerta, todos nos asomamos a la ventana para poder verla.
-Pues está buena. -declara Sam. Lo que nadie sabe es cómo puede distinguir si está buena o no entre tanta oscuridad.
Cuando Sid y la nueva chica entran en la habitación la saludamos.
-Esta es... Amanda.- nos dice Sid, dudando.
-Me llamo Katie.- dice ella.
-Oh, sí, lo siento, es que te pareces mucho a mi hermana Amanda, y me he confundido.
Sid no tiene hermanas.
-Y estos son Sam, Kelly y Kim.- dice señalándonos.
Después de un par de cordialidades más, vuelvo a sentarme en mi mesa, por suerte, no va a venir nadie más. O al menos en teoría.
Todos intentan darme ideas, cada una más tonta que la anterior. Resulta que la tal Katie no es demasiado imaginativa, su última propuesta fue que escribiese sobre los métodos de reproducción de las langostas. Patética.
-Venga tía, -me dice Sam- siéntate aquí con nosotros y tómate algo- han saqueado mi nevera.
-Tengo que escribir este trabajo para mañana, se supone que deben ser mil palabras, y todavía no tengo ninguna, no puedo descansar.
-Eres una agobiada, - me dice Kelly- hay a un tío que me hizo una redacción para la clase de lengua hace un mes o así, sólo me cobró diez pavos, y me pusieron un nueve, puedo llamarle, si quieres.
La verdad es que no suelo hacer ese tipo de cosas, pero estoy desesperada, así que acepto. Llamamos al tío en cuestión, un tal Kevin. Dice que mañana la tendrá lista, que me pase por su taquilla para recojerla, es la número 666. No puede ser una coincidencia. Kevin es el diablo. Seguro.

To be continued...

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