jueves, 8 de abril de 2010

Ya oscurece

Ya oscurece y las calles están tristes. Las aceras se susurran las buenas noches entre ellas y los adoquines, lentamente desforestados, se dejan arropar por un viento prácticamente quieto, disminuido hasta la condición de soplido.
Las tristes calles se colocan en posición fetal y evitan el impulso de llevarse el pulgar a los labios. Los balcones, dispuestos en los edificios que ocupan ambos lados, bostezan, haciendo entrecerrar los ojos de unas persianas que las personas se apresuran en bajar.
Ya oscurece y los pobres árboles que sobreviven en las tristes calles se doblan sobre su espalda, reverenciando a la noche que está por llegar. El sol, rezagado, ultima sus gestiones antes de retirarse, quién sabe si pretendiendo volver.
Ya ha oscurecido y las calles siguen tristes. Mientras escuchan el suave ronquido de las aceras se preguntan cuándo les tocará descansar a ellas. Con el paso de las horas los balcones adyacentes a las tristes calles vuelven a bostezar, esta vez motivados por el despertar.
Ya ha oscurecido y el día está por despuntar. Poco a poco la claridad desvanece las sombras proyectadas por el alumbrado público y las tristes calles realizan estiramientos para recomponer sus cansados huesos. El sol, en contra de todo pronóstico, asoma ligeramente por el lado contrario al que se acostó. La mañana y la tarde trascurren con total naturalidad, como si siempre se hubieran dedicado a aquello.
Ya oscurece por segunda vez y las calles están deprimidas. No pueden conciliar el sueño y aguardan, con los ojos muy abiertos, un amanecer que saben que debe llegar.
Ya ha oscurecido y otra vez la luz pugna por dejarse ver, pero esta vez el sol se niega. Reticente y molesto, promete que es la última vez que accede. La conversación entre el astro y las tristes calles anima el lapso de tiempo entre oscurecer y oscurecer.
Ya oscurece y las calles rompen a llorar de alegría. El sol, animado por las ya no tan tristes calles y propulsado por su joventud, se ha propuesto firmemente no volver a aparecer.
Ya no puede oscurecer.

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