miércoles, 10 de marzo de 2010

J.J. Convivencia.

Como toda historia parcialmente feliz, Jack y Julia comenzaron una relación a tiempo completo. La prostituta y el guardia de La Ciudad, unidos en la prácticamente inefable aventura de la Convivencia. Quizá no tan inefable.
La situación se mantuvo estable durante la primera semana: ambos trabajaban de noche, lo cual favorecía que pudieran dedicarse tiempo mutuamente; el sexo abundaba -aunque siempre lo practicaba más Julia que Jack- y, en líneas generales, no se conocían lo suficiente como para aborrecer los defectos del otro.
A partir del octavo día su concepción de amor dio un giro de 180 grados -ya que los de 360 te dejan exactamente en la misma posición-. De repente Russell se volvía un maniático, dejaba de ser tan comprensivo y perdía el aura de magnificiencia que lo caracterizaba. Con la señorita Reid ocurría lo mismo: del tratamiento de cortesía "dama de afectos negociables" se pasó a "zorra", de la belleza inmesurable a un simple "buenorra" y de una personalidad encantadora a un "tiene unas tetas increíbles".
Pese a lo crítico de la situación, el sexo, elemento de cohesión muy a tener en cuenta en las relaciones interpersonales, mantuvo -si bien de una forma bastante precaria- la cantidad de orgullo necesario para que ambos se avergoznaran de desistir tan prontamente.
Y lentamente, a una velocidad constante, los nudos que los unían fueron deshaciéndose. Jack se dio cuenta que prefería estar solo antes que con Julia; Julia reflexionó y llegó a la conclusión que quizás sería mejor pasar más horas trabajando. Entonces decidieron hablarlo y decir qué era lo más conveniente para ambos. Resolvieron cesar en su acometida contra la Convivencia pero no por eso cortar su amistad de raíz. Seguirían hablándose, contándose las cosas y, en fin, actuando como antes de tratar de salir juntos. Según sus propias palabras, no pensaban permitir que un intento fallido acabara con todo.
Como suele ser común en estos casos, a los dos meses ya llevaban uno sin dirigirse la mirada.

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