- ¡Jack, Jack!
- Ah, hola, Julia -respondió, insípido, el capitán-. Cuanto tiempo sin vernos.
La señorita Reid dio varios pasos rápidos hasta colocarse junto a la figura del hombre.
- Llevaba mucho tiempo sin saber nada de ti -dijo usando un matiz verbal muy próximo al reproche-.
- ¿Ah, sí? ya sabes, el trabajo, dormir por el día... me he vuelto un hombre bastante ocupado.
- ¿De verdad, maldito hijo de puta? ¡Por lo menos ten el valor de admitir que me has estado esquivando!¡Llevo un mes entero dando vueltas por La Ciudad con Ernie, exponiéndome delante tuya, y ¿qué he logrado?! ¡Absolutamente nada, ni una sola palabra por tu parte!
El rostro de Jack se deformó en una sonrisa torcida momentos antes de estallar en una sonora carcajada. Julia, cegada por la rabia, no pudo evitar gritar:
- ¡¿Así que se trata de esto?! ¡¿Prometemos seguir en contacto y así es como me pagas mi fidelidad?! ¡¿tan poco significó para ti que ya me tienes completamente olvidada?!
Viendo la agresividad que había amontonado Julia, y temiendo que usara su personalidad número dos con él, Jack habló muy calmado:
- Temo que vas a tener que escucharme primero. Mira, arriesgándome a quedar como un gilipollas, te diré que desde hace un mes te veo incluso en los dibujos abstractos que realizan las baldosas del suelo del cuartel. Sé que no me gustas, sé que no duraríamosmos otros dos meses si volvieras y mucho menos que alcanzaríamos cierto grado de felicidad. También sé que no me quieres tú a mí y que simplemente estás enfadada porque cometiste el error de fijarte en mí y ahora lo estás pagando, pero créeme, soy yo el que sufre cuando te ve, el que no te comprende y no puede parar de preguntarse el por qué. Así pues, te pido por favor que, por lo menos, me permitas resignarme en paz y desistas en tu intento de mantener el contacto, porque, Julia, yo no quiero ser tu amigo, yo sólo quiero ser tu amante.
A lo largo del discurso de Russell los ojos de Reid fueron abriéndose progresivamente. Sus facciones tomaron un color pálido y no fue capaz de articular palabra alguna. Viendo el estupor que había causado y sintiéndose repentinamente avergonazado a causa de su actuación, Jack se alejó del foco de la acción.
Alrededor de Julia quedó una multitud expectante. Algunos la animaron a correr detrás de Russel, otros a partirle la cara. Sin embargo, Julia sólo pudo quedarse quieta, envuelta por un círculo de desconocidos, con la mente en blanco y una sonrisa tonta asomando en sus labios.
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